Todo estaba oscuro, yo patrullaba como de costumbre en el oscuro bosque que rodeaba a La Push. Sin embargo había algo raro en ese lugar. Parecía más oscuro que de costumbre, ni siquiera un rayo de luna iluminaba las veredas por las que yo y la manada solíamos cruzar. Un aroma terriblemente especial pegó contra mi nariz como un latigazo. Mi cuerpo tembló de miedo y de rabia al mismo tiempo. Frente a mi se encontraba esa horrible figura de cabellera ondulada y mirada cruel. Traté de lanzarme contra él pero ya tenía en la mano a Will que lloraba y jaloneaba por zafarse de tan infames garras. A un lado yacía Edward y Evelyn inconscientes. Me llené de miedo al mirarles y volví a tratar de lanzarme contra el enemigo peo mis patas parecían no avanzar ni un centímetro. La desesperación se hizo presa de mi conforme el vampiro miraba a mi hijo con esa sonrisa temible y sádica. Lo
miré con horror cuando desprendió el brazo de mi hijo y yo, parecía alejarme más de esa atormentante escena que me desgarraba por dentro.
Desperté en la casa de Billy entre jadeos. Allí a lado de mí estaba mi padre con rostro preocupado con un trapo enjugando el sudor de mi frente. Mi respiración estaba agitada y mis ojos volaron por toda la habitación en busca de mi familia.
- ¿Dónde esta Will? ¿Dónde está Evelyn? – pregunté tratando de levantarme con desesperación pero un dolor insoportable detuvo mi intento. Me miré las piernas que ya estaban entablilladas y con yeso.
- Tu familia está bien. No te preocupes por tu hijo. Está a salvo. Evelyn también ha estado aquí desde que llegaste y Edward cuida de William. – respondió Billy tratando de apaciguar mi desesperación.
Había sido aquella visión una simple pesadilla. Una horrible, la más temible de todas las que había tenido jamás. No podía
imaginarme que hubiera sido de mi si los perdiera.
- Has estado mascullando cosas desde que llegaste. – intervino de nuevo Billy. – No has tenido descanso, te has estado arremolinando a la cama durante largo rato. ¿Has tenido tantas pesadillas?
Asentí sintiendo de repente el cansancio que la pelea había provocado en mí.
- Así es padre. No he podido descansar ni siquiera en sueños. Sólo veo la terrible sonrisa de ese hombre atormentándome, acabando con lo que más quiero en el mundo, haciéndome dar cuenta que mi fuerza no es suficiente para protegerlos. – me llevé las manos al rostro tratando de refrenar el sentimiento que tenía de impotencia. – Tengo que valerme más de la manada, tenemos que detenerlo…
Billy volvió a poner un trapo sobre mi frente y me sonrió con ligereza.
- No seas tan duro. A veces las cosas simplemente no son como las planeamos. ¿Cómo podrías saber que ese loco volvería algún día?
- Es que yo debía estar preparado, aunque pasara el tiempo, yo debía seguir alerta. – me recriminé. – Ahora más que nunca debía tener un posible plan de emergencia en el que mi manada pudiera ayudar, pero no… Me he confiado demasiado.
Ladeé la cabeza con frustración, mirando por la ventana de la casita. Ahora más que nunca debía ser un alfa. Tenía que portarme como tal. No podía permitir que un vampiro derrumbara mi mundo, que acabara con mis seres queridos por bana diversión. Tenía que lograr encontrar una manera para cuidar de ellos, cuidar de Will, que era mi más grande tesoro.
miré con horror cuando desprendió el brazo de mi hijo y yo, parecía alejarme más de esa atormentante escena que me desgarraba por dentro.
Desperté en la casa de Billy entre jadeos. Allí a lado de mí estaba mi padre con rostro preocupado con un trapo enjugando el sudor de mi frente. Mi respiración estaba agitada y mis ojos volaron por toda la habitación en busca de mi familia.
- ¿Dónde esta Will? ¿Dónde está Evelyn? – pregunté tratando de levantarme con desesperación pero un dolor insoportable detuvo mi intento. Me miré las piernas que ya estaban entablilladas y con yeso.
- Tu familia está bien. No te preocupes por tu hijo. Está a salvo. Evelyn también ha estado aquí desde que llegaste y Edward cuida de William. – respondió Billy tratando de apaciguar mi desesperación.
Había sido aquella visión una simple pesadilla. Una horrible, la más temible de todas las que había tenido jamás. No podía
imaginarme que hubiera sido de mi si los perdiera.
- Has estado mascullando cosas desde que llegaste. – intervino de nuevo Billy. – No has tenido descanso, te has estado arremolinando a la cama durante largo rato. ¿Has tenido tantas pesadillas?
Asentí sintiendo de repente el cansancio que la pelea había provocado en mí.
- Así es padre. No he podido descansar ni siquiera en sueños. Sólo veo la terrible sonrisa de ese hombre atormentándome, acabando con lo que más quiero en el mundo, haciéndome dar cuenta que mi fuerza no es suficiente para protegerlos. – me llevé las manos al rostro tratando de refrenar el sentimiento que tenía de impotencia. – Tengo que valerme más de la manada, tenemos que detenerlo…
Billy volvió a poner un trapo sobre mi frente y me sonrió con ligereza.
- No seas tan duro. A veces las cosas simplemente no son como las planeamos. ¿Cómo podrías saber que ese loco volvería algún día?
- Es que yo debía estar preparado, aunque pasara el tiempo, yo debía seguir alerta. – me recriminé. – Ahora más que nunca debía tener un posible plan de emergencia en el que mi manada pudiera ayudar, pero no… Me he confiado demasiado.
Ladeé la cabeza con frustración, mirando por la ventana de la casita. Ahora más que nunca debía ser un alfa. Tenía que portarme como tal. No podía permitir que un vampiro derrumbara mi mundo, que acabara con mis seres queridos por bana diversión. Tenía que lograr encontrar una manera para cuidar de ellos, cuidar de Will, que era mi más grande tesoro.


















por 





