La brisa nocturna se coló por las ropas de Kira, haciendo que su cuerpo entero se estremeciera. Acababa de abandonar el pequeño restaurante en donde había estado trabajando toda la tarde. Intentó colocarse su abrigo con una mano con algo de dificultad, mientras que con la otra sostenía el teléfono celular cerca de su oído.
-Kripyaa, madre, ya te dije que estoy bien... -la voz angustiada de la mujer se oyó al otro lado. -No tienes de qué preocuparte. Oí que necesitan bailarinas en un bar cercano... No, descuida, aún no he hablado con ellos... Theek hai, tendré cuidado.
La joven caminó por las calles oscuras sin ponerle mucha atención a las palabras de su madre. Cada mes era lo mismo. Estaba cansada de escuchar ese tono de preocupación y angustia, cansada de intentar calmarla y convencerla de que todo andaba bien. Las cosas podrían estar mucho mejor, sí, pero al menos tenía un lugar donde dormir y un trabajo con el que ganaba lo suficiente como para salir adelante.
De pronto su madre guardó silencio y se oyó un ruido extraño.
-¿Mamá? -no hubo respuesta. Lo último que logró escuchar antes de que la mujer colgara fue algo así como "tu padre acaba de llegar". -Alavidha -se despidió la joven sabiendo que no recebiría respuesta alguna del celular.
Metió sus manos dentro de los bolsillos del abrigo y caminó en dirección al Parque Central. Las luces de la ciudad se perdieron detrás de ella, dando paso a unas mucho más tenues. El ambiente era mucho más tranquilo en esa zona.
Kira caminó durante algunos minutos bajo la protección de la luz de los faroles y finalmente tomó asiento en una banca cercana a una fuente. Aún podían oírse los ruidos de la ciudad; motores de autos, bocinas, gente gritando, música... Era más de media noche y la vida nocturna apenas estaba empezando. Cerró los ojos durante unos instantes intentando recordar las calles de Bombay, el triple de caóticas que las de Manhattan. Era extraño pensar que habían pasado tantos meses desde la última vez que estuvo allí.
Hurgó en sus bolsillos y finalmente encontró lo que buscaba; un encendedor y una caja de cigarrillos. Sólo le quedaba uno, bastante aplastado y doblado. Lo encendió sin perder el tiempo y se lo llevó a los labios. Sentir el humo en su boca, nariz y garganta logró relajarla un poco.
Mientras observaba cómo el cigarrillo se consumía con lentitud, empezó a hacer cuentas mentales. Si se quedaba allí tendría que encontrar un segundo empleo a como diera lugar. Había tomado en cuenta la opción de marcharse a un lugar más pequeño, donde la vida en general fuese más barata, pero allí al menos tenía un trabajo asegurado. Tendría que decidirse pronto.
Continuó con su dilema interno mientras las cenizas del cigarrillo caían al suelo. Se cruzó de piernas sin intención alguna de moverse; total, ¿qué diferencia tenía volver a casa ahora o mañana?
-Kripyaa, madre, ya te dije que estoy bien... -la voz angustiada de la mujer se oyó al otro lado. -No tienes de qué preocuparte. Oí que necesitan bailarinas en un bar cercano... No, descuida, aún no he hablado con ellos... Theek hai, tendré cuidado.
La joven caminó por las calles oscuras sin ponerle mucha atención a las palabras de su madre. Cada mes era lo mismo. Estaba cansada de escuchar ese tono de preocupación y angustia, cansada de intentar calmarla y convencerla de que todo andaba bien. Las cosas podrían estar mucho mejor, sí, pero al menos tenía un lugar donde dormir y un trabajo con el que ganaba lo suficiente como para salir adelante.
De pronto su madre guardó silencio y se oyó un ruido extraño.
-¿Mamá? -no hubo respuesta. Lo último que logró escuchar antes de que la mujer colgara fue algo así como "tu padre acaba de llegar". -Alavidha -se despidió la joven sabiendo que no recebiría respuesta alguna del celular.
Metió sus manos dentro de los bolsillos del abrigo y caminó en dirección al Parque Central. Las luces de la ciudad se perdieron detrás de ella, dando paso a unas mucho más tenues. El ambiente era mucho más tranquilo en esa zona.
Kira caminó durante algunos minutos bajo la protección de la luz de los faroles y finalmente tomó asiento en una banca cercana a una fuente. Aún podían oírse los ruidos de la ciudad; motores de autos, bocinas, gente gritando, música... Era más de media noche y la vida nocturna apenas estaba empezando. Cerró los ojos durante unos instantes intentando recordar las calles de Bombay, el triple de caóticas que las de Manhattan. Era extraño pensar que habían pasado tantos meses desde la última vez que estuvo allí.
Hurgó en sus bolsillos y finalmente encontró lo que buscaba; un encendedor y una caja de cigarrillos. Sólo le quedaba uno, bastante aplastado y doblado. Lo encendió sin perder el tiempo y se lo llevó a los labios. Sentir el humo en su boca, nariz y garganta logró relajarla un poco.
Mientras observaba cómo el cigarrillo se consumía con lentitud, empezó a hacer cuentas mentales. Si se quedaba allí tendría que encontrar un segundo empleo a como diera lugar. Había tomado en cuenta la opción de marcharse a un lugar más pequeño, donde la vida en general fuese más barata, pero allí al menos tenía un trabajo asegurado. Tendría que decidirse pronto.
Continuó con su dilema interno mientras las cenizas del cigarrillo caían al suelo. Se cruzó de piernas sin intención alguna de moverse; total, ¿qué diferencia tenía volver a casa ahora o mañana?


















por 